martes, 28 de agosto de 2018

Ayer en agosto

Decido salir a caminar a la noche temprano.
y me sorprende una brisa apenas fresca.
Algo húmeda.

Debe ser la primavera que se está anticipando.
Me alienta a ver la vida, por una vez
intuitivamente. Con optimismo.

Si me descuido voy a empezar
a creer que alguna vez exististe.

martes, 31 de julio de 2018


Me descubriste espiándote
en el espejo, develaste mi truco.

Todavía me acuerdo de cuánto
nos reímos. Como dos chicos.

Más tarde, me dijiste: "Me encantó
verte reír así, estabas espléndida".

Vuelvo siempre a esas dos escenas.
Al momento y también a su recuerdo.

jueves, 26 de julio de 2018

Yo quiero saber

dónde está el secreto
quién es que lo dijo

cómo despertarse
con los ojos limpios.


Cómo cada vez
otros lo suponen

se mira sin ver
no hay malas razones.


Cuando yo me entere
seré, ah, tan vieja

que la vida ya
será solo quejas.

martes, 10 de julio de 2018

Capillita

   Cuando tenía 9 o 10 años, armé una capilla en una zona medio escondida de mi pieza. Habíamos tomado la Comunión con las chicas de tercer grado, y me llené de las estampitas de todas mis compañeras. Las pegué una al lado de la otra y puse algunos crucifijos también sobre las puertas de un placard blanco que todavía tengo a los pies de mi cama. Eran alrededor de treinta.
   Durante un largo tiempo rezaba todos los días en la capilla y leía en voz alta las frases que tenían las estampitas. Yo no era una nena tan creyente. Hoy pienso que tendría que haber tomado en cuenta ese aviso de Dios... sobre que lo necesitaría.

miércoles, 27 de junio de 2018


Miniatura

hecha de hilvanes
que desteje el viento

porosa, delicada
de bordes blandos

ser breve
a la intemperie.

viernes, 15 de junio de 2018


Mirás a través de sus ojos, sentís
como si estuvieras bajo su piel.

La comprendés inmensamente
y la disculpás de todo.
Te transformás en su carnada.

Su espíritu te termina tragando.
Ella te encarna. Se hace 
carne en vos. Sos su carne.

Y así seguís, encarnada, para ser
devorada por otros también.

miércoles, 6 de junio de 2018


Cuando éramos chicas e íbamos de vacaciones
a San Bernardo, en los médanos
encontrábamos cintas de huellas diminutas
que se prolongaban hasta detrás de los arbustos.

Las acompañábamos con la vista
hasta encontrar el cascarudo que las trazaba.
A veces eran dos.

Era difícil creer que recorrieran caminos 
tan extensos, siendo ellos tan pequeños.

Después buscábamos otro par de huellas
y seguíamos así, durante las largas tardes 
de enero con mis hermanas en la arena seca.

Sumábamos nuestras inexpertas huellas.