Dejo todas las luces encendidas
Me aboco al trabajo de amasar pan.
Lo cocino, y lo como mientras leo.
Los grillos añaden, desde el jardín,
un zumbido brillante y geométrico.
Dentro de casa no hay otro relieve
que el fluido de comer, leer y escribir.
La vigilia resiste las horas.
Deshace el tejido en que no
quisiera mañana suceder.
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