Septiembre 1914
De nuevo insomne hora tras hora yacía,
llena y herida el alma por un dolor incomprensible.
Incendios y muerte vi llamear sobre la tierra,
a miles vi sufrir, morir y pudrirse inocentemente.
Y en mi corazón abjuré entonces de la guerra,
esa ciega divinidad de dolores sin sentido.
Entonces más lúgubres sonaron en la hora
los recuerdos de la soledad.
Y el veredicto de la paz lo pronunció
un antiquísimo libro indio de los dioses:
"Guerra y paz, ambos son equivalentes,
pues ninguna muerte toca el reino del espíritu,
suba o descienda el platillo de la paz,
el sufrimiento del mundo no queda reducido.
Por ello lucha y no permanezca inactivo;
¡que yergas tus fuerzas, esa es la voluntad de Dios!
Pero aunque tu lucha lleve a mil victorias,
incólume sigue golpeando el corazón del mundo."
Hermann Hesse
No hay comentarios:
Publicar un comentario