jueves, 27 de agosto de 2026

Última dulzura

Ociosa vago por el palacio de primavera,
hago un alto junto a la verde orilla del lago.
Lemas blancas con hojas de igual blancura,
en plantas escarlata florecen primpollos de color herrumbre.
Una suave brisa agita las banderas de los lirios,
las olas ondulantes mecen al dulce loto.
Reflejos gloriosos rielan en los bosques,
esencias flotantes invaden las sedosas gasas.
Un príncipe anda errante y no regresa,
distante su camino, fuera de mi alcance.
¿Con quién saborearé la última dulzura?
Aún sigo sola y suspiro.

Chang Hua
Traducción de Ruth Berg

Vigilia

La luna brillante fulge con claros rayos,
su luz ascendente ilumina una galería oscura.
Una persona recluida aún mantiene su vigilia noctura,
se vuelve y abre las cortinas del lecho vacío.
Espera el amanecer con el cinturón atado,
se vuelven más escasas las dispersas estrellas matinales.
Cuando el sueño abraza nuestras almas afines
contemplo el rostro de mi amada:
sonrisa deliciosa, bonitos hoyuelos,
gracias gemelas en sus ojos y sus cejas.
Cuando despierto mis largos suspiros son más profundos,
mi corazón abatido está triste y solitario.

Chang Hua
Traducción de Ruth Berg

martes, 25 de agosto de 2026

Luminar

La hornalla que dejo
prendida en la cocina
es mi sol de esta noche.

Simulo el día en la noche

Dejo todas las luces encendidas
Me aboco al trabajo de amasar pan.
Lo cocino, y lo como mientras leo.

Los grillos añaden, desde el jardín,
un zumbido brillante y geométrico.

Dentro de casa no hay otro relieve
que el fluido de comer, leer y escribir.

La vigilia resiste las horas.
Deshace el tejido en que no
quisiera mañana suceder.

En-cerrados 

Estoy tipeando en la cocina y se oye
el zumbido parejo de la batería de la notebook.

la potencia constante de las llamas de dos hornallas
el tragar y suspirar de mi perro que duerme.

Supongo que hay poco oxígeno en el ambiente.

Me hace bien esta tarde suspendida.

The clasp


She was four, he was one, it was raining, we had colds,

we had been in the apartment two weeks straight,

I grabbed her to keep her from shoving him over on his

face, again, and when I had her wrist

in my grasp I compressed it fiercely, for almost a

second, to make an impression on her,

to hurt her, our beloved firstborn, I even nearly

savored the stinging sensation of the squeezing, the

expression, into her, of my anger,

"Never, never again," the righteous

chant accompanying the clasp. It happened very

fast–grab, crush, crush,

crush, release–and at the first extra

force, she swung her head, as if checking

who this was, and looked at me,

and saw me–yes, this was her mom,

her mom was doing this. Her dark,

deeply open eyes took me

in, she knew me, in the shock of the moment

she learned me. This was her mother, one of the

two whom she most loved, the two

who loved her most, near the source of love

was this.


Sharon Olds


La puerta

Ábrenos la puerta para ver los jardines.
Beberemos el agua helada allí donde la luna dejó su huella.
La larga ruta quema enemiga a los extranjeros.
Vagamos sin saber y no hallamos el lugar.

Queremos ver las flores. Aquí la sed pende sobre nosotros.
A la espera y en agonía, estamos aquí delante de la puerta.
Si es preciso romperemos esta puerta con nuestros golpes.
Golpeamos y empujamos, pero la barrera es demasiado fuerte.

Es necesario languidecer, esperar y contemplar vanamente.
Contemplamos la puerta; está cerrada, inquebrantable.
Fijamos en ella los ojos; lloramos bajo el tormento;
No dejamos de mirarla; el peso del tiempo nos abruma.

La puerta está ante nosotros, ¿de qué nos sirve la voluntad?
Vale más marcharse y abandonar toda esperanza.
Jamás entraremos. Estamos fatigados de verla.
La puerta, abriéndose, dejó pasar tanto silencio.

Que ni los jardines ni ninguna flor han aparecido;
Sólo el espacio inmenso donde habitan la luz y el vacío
Se hizo de súbito presente de parte a parte, colmó el corazón,
Y lavó los ojos casi ciegos bajo el polvo.

Simone Weil
Traducción de Daniel Arella