lunes, 12 de noviembre de 2018

Ya no voy a saber 

qué lugares recorrieron
contra qué hicieron presión

qué les prohibieron tocar
las superficies que acariciaron

de dónde fueron echadas
contra qué lucharon

qué no quisieron rozar nunca
de qué debieron recuperarse

qué las hizo arder
por dónde se deslizaron.

Ya no voy a conocer
la historia de tus manos.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Mi memoria

   A veces, me pregunto por qué no puedo recordar algunas ideas, vivencias o acontecimientos. Y mucho menos cuándo o en qué años sucedieron. No me acuerdo de lo que para mí es efímero, lo que no necesita ser atesorado o bien dejado a un lado, por lo penoso.
   Es muy poco lo que alimenta mi memoria. Lo superficial, a veces, sería práctico recordarlo, pero no hay caso: mi corazón decide.

Brazos como alas

   Cuando te sentís derrotada después de largos días de esperar unas palabras o un gesto que no llegan, se acercan un par de brazos alados y te resguardan el espíritu. Evitan que te pesen las penas. Te suspenden. No dejan que caigas con fuerza a tierra.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Vos caminás

y yo voy detrás, desdibujando tus huellas.

Disperso el brillo de tus palabras amorosas.

Es preciso apagar este amor.

miércoles, 31 de octubre de 2018

No quiero preguntar por qué

Espero que entre vos
y yo, las cosas sigan así
que permanezcan.

No quiero alterar esta felicidad
de no saber hasta dónde
desde cuándo, cómo es posible.

Si intercambiamos información
tal vez todo pueda terminarse ahora.

viernes, 5 de octubre de 2018

Agua de lluvia

   Mis hermanas y yo vivíamos en la casa de la calle Asamblea. Éramos chiquitas, estábamos en la primaria. Usábamos flequillo las tres y teníamos el pelo oscuro y largo, hasta la mitad de la espalda. En el patio con toldo había un caño grueso que desembocaba adentro y por ahí caía agua de lluvia que cada tanto juntaba mamá. Me acuerdo que a veces cargaba el balde, directamente, mientras llovía fuerte. Nosotras la rodeábamos, y nos sorprendía ver cómo se iba llenando. Después íbamos al baño de arriba y mamá nos lavaba el pelo como siempre, lo que sí cambiaba era cómo terminaba: nos lo enjuagaba con cataratas de aquella agua tan especial. El pelo no necesitaba otros tratamientos. Las cabelleras castañas y tupidas nos quedaban bien brillosas. Era una experiencia que nos encantaba vivir.

lunes, 1 de octubre de 2018

   Nosotros, los íntimos, cuando queremos dejar un rato la soledad nos juntamos de a dos, no más.
A eso de las cuatro, con el sol que entra en diagonal por la ventana él y yo tomamos unos jarritos de café en la cocina y comemos bizcochuelo sobre platos blancos. Mientras charlamos de dos o tres cosas importantes que nos pasaron estas semanas, buscamos armar una tarde breve y posible.