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sábado, 16 de enero de 2021

El tajo

Desear y resistir por años, y luego
sucumbir, es una cosa aterradora. Todo lo que ansiaste y negaste
al fin te posee. Te entregas
completamente a su poder, y su presencia
invadiendo tu alma, aturde
con su consuelo y su terror.

No hay nada más aleccionador que la aceptación.

Siento los hongos en la noche,
desgarrando en su ascenso la porosa tierra.
Brutal como todo nacimiento.

                          E inclino mi cabeza,
Y ahueco mi boca en el tajo de todo lo que deseé,
Y estoy extasiado de júbilo.


William Everson (California, 1912 - 1994)

lunes, 4 de mayo de 2020

Cortejo

¿Nos hemos peleado
mi pequeño, acaso,
y no lo recuerdo?

no sé cómo abrir
la puerta del corazón
para que entrés en mí

con la voz
que no es de mí
aunque tuya soy

como se mueve en dos
casi todo lo viviente

y no recuerdo,
poema pequeño,
que hayamos discutido

para que no vuelvas
o me vuelvas
la cara
como busca
la sed al agua

¿o debo
mirar atrás
en el ojo oscuro

de la tormenta
y temblar con vos,
chispa del desconcierto?


Diana Bellessi (Zavalla, 1946)

lunes, 13 de abril de 2020


Temo a la persona de pocas palabras
Temo a la persona silenciosa.
Al sermoneador, lo puedo aguantar;
al charlatán, lo puedo entretener.

Pero con quien cavila
mientras el resto no deja de parlotear,
con esta persona soy cautelosa.
Temo que sea una gran persona.


Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830 - 1886)


Ya está dormida bajo tanto cielo
y sobre tanta tierra enamorada.
Rosa cabal, cumplida llamarada
sin guitarra, sin luz y sin desvelo.

Tan presente en el fuego, tan presente
en el aire, en la tierra, en la distancia
que va de la raíz a la fragancia.
Muerta para nosotros, por ausente.

Tendida en su aparente muerte, espuma
ceniza en lenta carne desgarrada,
muerta para nosotros por callada,
en un silencio de apretada bruma.

Dormida no, pero desparramada,
tan generosa como fue su vida.
Deshecha ya, pero jamás perdida.
Dormida, sí, más nunca desmayada.

Su muerte crecerá, seremos viejos
y todo será sombras en la casa
cuando regrese con sus pies de gasa
del fondo de sus últimos espejos.

Perdida no, que la alta margarita
crecerá de su muerte. No lloremos.
Perdida sí, pero jamás marchita.
Ella vendrá. Nosotros nos iremos.


Raúl González Tuñón (Ciudad de Buenos Aires, 1905 - 1974)

lunes, 2 de marzo de 2020


Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí este artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso.

Ernesto Cardenal (Granada, 1926 - Managua, 2020)


Entras otra vez como música, como luz,
música sin ondas acústicas, luz sin fotones.
Caricia sin el tacto, sólo la pura caricia.
El que inventó el sexo
¿no sabrá amar?

Ernesto Cardenal (Granada, 1926 - Managua, 2020)

martes, 22 de octubre de 2019

Colinas, colinas...


Colinas, colinas, bajo este Octubre ácido...
Colinas, colinas, descomponiendo o reiterando matices aún
   fríos.
O no pudiendo decir plenamente el oro y el celeste, fluidos, de
   los cultivos.
Nos dueles, oh paisaje que no puedes cantar en la tarde agria
   e indecisa,
lleno de escalofríos bajo las nubes tenaces e inquietas todavía
   de tu sueño
y estás solo, solo, solo, con la angustia y el desamparo de tus
   criaturas.
Pero aun si cantaras el canto no se oiría casi.
Oiríamos sólo el ruido de los carros largos con su carga de
   desesperación.
Oiríamos sólo el silencio de los niños y de las mujeres junto
   a los ranchos transparentes.
Veríamos sólo la figura deshecha con la bolsa al hombro sobre
   la cima de la loma.
Veríamos sólo esos arrabales de las Estaciones, oh campos de
   Entre Ríos con aún países absolutos de injusticia,
oh campos de Entre Ríos hechos para la dicha
de los que os evocaron esa aurora florecida que aún no canta
   y que es extraña al día.
Otro será el paisaje mañana en las mismas líneas puras.

Cantará con un múltiple canto entre las casas próximas con
   mesas, ah, seguras y con libros y músicas.
Como de la noche de su alma del sueño de los campos el
   hombre extraerá toda la maravilla.
No más dividido, no, con el hermano ni consigo mismo ni
   con la tierra, el hombre.
Uno consigo mismo y con el mundo para crearse sin fin en la
   gracia más alta de la criatura,
y sonreír al rostro cejante de la sombra.


Juan L. Ortiz (Puerto Ruiz, 1896- Paraná, 1978)



martes, 10 de septiembre de 2019

Huyendo de la forma y de la idea
escapa el pensamiento
como si una jauría de palabras
lo fuese persiguiendo:

hasta que cae en la engañosa trampa
que le tiende el silencio
trabándose en la red de los sentidos
en que se queda preso.


José Bergamín (Madrid, 1895 - Fuenterrabia, 1983)

lunes, 9 de septiembre de 2019

Flor

En la palma de la mano
o en el dorso de la mano,
(depende
de lo que se quiera saber),
uno por uno
sostendremos sus pétalos,
y haciéndolos estallar
e interpretando el ruido
sacamos conclusiones.

Boca del destino
dispuesta
a pronunciarse
en cada rosa.


Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 - 1991)

miércoles, 14 de agosto de 2019

El descenso

El descenso nos llama
                como nos llamó el ascenso
                                La memoria es como
un logro,
             una especie de renovación
                          casi
una iniciación, nuevos espacios abiertos
                    habitados por hordas
                   y por tanto, no implica
nuevas especies –
              pues su movimiento
                          se dirige hacia destinos nuevos
(aunque hayan sido abandonados)

Ninguna derrota se compone sólo de derrota – pues
el mundo que abre siempre es un lugar
                   hasta entonces
                                        insospechado. Un
mundo perdido,
                       un mundo insospechado,
                                          nos llama a nuevos lugares
y ninguna blancura (perdida) es tan blanca como
el recuerdo de la blancura

Con la tarde, el amor despierta
                     aunque sus sombras
                       vivas por el brillo
del sol –
              somnolientas ahora se abandonen
                              al deseo
El amor sin sombras surge ahora
             comienza a despertar
                 conforme la noche
avanza.


El descenso
                  hecho de desesperanza
                              sin logros
cae en la cuenta
           del nuevo despertar:
                                       que es el revés
de la desesperanza.
             Así, lo que no logramos,
lo negado al amor,
                     lo que hemos perdido antes –
                              se hace descenso
sin fin, indestructible.


William Carlos Williams (Rutherford, New Jersey 1883 - 1963)

jueves, 7 de marzo de 2019


Digo tantas veces lo que no pienso
que no me interesan los sonidos que lanzo de manera
constante
únicamente me apasiono por lo que hablo a solas
y asi he descubierto minuto a minuto
el paso de mi futuro hacia el pasado
he logrado
no convertirme en criada de una decadencia
no caer en la tierna sonrisa comprensiva
que aparece cuando la intensidad desaparece
dejé de hablarle todo a alguien
e intento decirles algo a todos.

Juana Bignozzi (Buenos Aires 1937 - 2015)

domingo, 30 de diciembre de 2018

El riesgo de la verdad

Caes en mí como una brusca levedad del clima,
del agua,
de una oblicua y desterrada colina,
castigo delicado de un paisaje solamente hollado
por su propia demencia.
Mi desnudez asume así tu cálido cristal
y se destina más al fondo del celo
con piel sonriente candente de tu herida.
Adorada mía tapizada de rayos,
con tu colina bajando todas las aguas de la locura.
Niña mía, con la boca cargada del esplendor del
plátano, alguien, alguien tiene que depender
del canto.

Francisco Madariaga (1927-2000)

martes, 4 de septiembre de 2018

Lo Cotidiano

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
Este cabello triste que se cae
Cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
Que se atraviesan con jadeo y asfixia;
Las paredes sin ojos,
El hueco que resuena
De alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor. La noche
Se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
Y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
No por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
El sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
El recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.



Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925 - Tel Aviv, 1974)

miércoles, 7 de marzo de 2018


No la nada

                      Para Germán Scarabelli
                      In memoriam


¿Será verdad que sólo
hay un vacío enorme tras las cosas
cuando vemos
subir la luz de un cielo como este
y abrirse el día así? ¿Será
verdad que atrás de estos colores
que el otoño dispersa, la belleza
y el dolor de los cuerpos
un santo ríe y nos espera
gozando de su engaño
con la furia inocente de lo altísimo?
¿Que hay consuelo después
como hay ahora
desconsuelo y salimos
despiertos de este sueño
y no al contrario?

Qué batalla la nuestra
si es tan dulce
a veces
cambiar esas miradas
con la luz
y si también la noche
se siente que cobija
a ratos
lo que nos duele atrás
de lo que somos.

Lo pienso ahora
que parece que te vas
y estás quedándote
al mismo tiempo en todo
lo que veo. Y no se pierde
tu forma, rasga un velo
me digo, que entorpece
mirar lo que está ahí,
lo que sentimos
amar, y cuesta irse
confiar en la ilusión
que, cuentan, es
lo misteriosamente
diferente
y no la nada.


Sonia Scarabelli (Rosario, 1968)

viernes, 20 de mayo de 2016

If I was dead

If I was dead,
and my bones adrift
like dropped oars
in the deep, turning earth;

or drowned,
and my skull
a listening shell
on the dark ocean bed;

if I was dead,
and my heart
soft mulch
for a red, red rose;

or burned,
and my body
a fistful of grit, thrown
in the face of the wind;

if I was dead,
and my eyes,
blind at the roots of flowers,
wept into nothing,

I swear your love
would raise me
out of my grave,
in my flesh and blood,

like Lazarus;
hungry for this,
and this, and this,
your living kiss.

Carol Ann Duffy (Glasgow, 1955)



lunes, 16 de mayo de 2016

Dreamwood

In the old, scratched, cheap wood of the typing stand
there is a landscape, veined, which only a child can see
or the child’s older self, a poet,
a woman dreaming when she should be typing
the last report of the day. If this were a map,
she thinks, a map laid down to memorize
because she might be walking it, it shows
ridge upon ridge fading into hazed desert
here and there a sign of aquifers
and one possible watering-hole. If this were a map
it would be the map of the last age of her life,
not a map of choices but a map of variations
on the one great choice. It would be the map by which
she could see the end of touristic choices,
of distances blued and purpled by romance,
by which she would recognize that poetry
isn’t revolution but a way of knowing
why it must come. If this cheap, mass-produced
wooden stand from the Brooklyn Union Gas Co.,
mass-produced yet durable, being here now,
is what it is yet a dream-map
so obdurate, so plain,
she thinks, the material and the dream can join
and that is the poem and that is the late report.

Adrienne Rich (Baltimore, Maryland, 1929 - Santa Mónica, California, 2012)


miércoles, 27 de abril de 2016

Cartografía

La madre es los bordes del hijo.
afuera hay un país limítrofe.

El hijo conquista la frontera
y reconoce el mundo
a fuerza de batallar
contra el cuerpo
contra la patria que es
su propia madre.

El primer llanto no es otra cosa
que un grito de guerra.


Valeria Tentoni (Bahía Blanca, 1985)

lunes, 18 de abril de 2016



A lo lejos

A lo lejos resonaban las cadencias de un piano
que jemía las nostalgias de una mágica canción,
y extasiado en la amargura de aquel éxtasis lejano,
derramaba triste llanto mi doliente corazón.

Yo soñaba en la ternura suave y lenta de la mano
que arrancaba del piano tan amarga vibración,
y mis besos se perdían en la bruma del arcano
que absorbía con su sombra la dulcísima aflicción.

¡Ay, quién sabe si aquel alma era hermana de la mía
y soñando con mi alma mitigaba su pesar!
La agonía de sus quejas era igual a mi agonía,

su sollozo melancólico me obligaba a sollozar...
¡Oh, las almas que se adoran de una tarde en la harmonía
y consuelan sus martirios sin poderse nunca amar!


Juan Ramón Jiménez (Moguer, España, 1881- San Juan, Puerto Rico, 1958) 


miércoles, 13 de abril de 2016

Una palabra que empieza con A

Esos que de noche ven demasiado con el oído: los asustados
Esos que por órdenes, por fracasos, por hastío, agachan
----la cabeza cada vez más, y uno se pregunta ¿querrán
----morderse el corazón?
Esos que pueden vivir sin mí del mismo modo que yo
----(a veces) no puedo vivir sin sus muertes
Esos que se acuestan con una servilleta al cuello para soñar
----con la Primera Cena: los desmigajados, los convidados a nunca
Esos que mudan los paquetes de la sangre a un carro y se
----golpean los huesos con las coces de un caballo, para que arren
Esos que llevan los roperos al mar y regresan desnudos: los
----ilusos vírgenes
Esos que no pueden dormir porque al despertar oyen relojes
----atrasados: tic-crac tic-crac
Esos que miran caer los contoneos de una hoja de otoño
----y piensan en la devoradora tristeza antes que en los 
----bosques del amor
Esos que leyeron el poema de Eluard, juzgaron que faltaba
----oscuridad de aljibe o chillido de desesperación allí, y
----se ponen a nombrar la libertad con un dedo de fuego
----sobre una mole de hielo
Esos que han gastado su último manjar de tabaco y elaboran
----sus propios humos con polvo de diente rechinado
Esos que a pedacitos se cortan las arrugas con tijeras
----porque han visto su respiración perder velocidad
----en los azotes del espejo
Esos que cierran las ventanas temerosos de morir ahogados
----por el polvo que levantan las banderas cuando soplan
----en las calles, y después, arrepentidos, se muerden
----las lágrimas
Esos que dan sus puños solo frente a un monólogo, pero
----secretamente cuentan los abrazos que guardan
Esos que no sobornan a la poesía para que cante como un
----fantasma de oro, sino que la sumergen en lava para que
----explote y aturda con sus silencios al reino de los
----sordos; los mismos que la llevan a que espante a las
----fieras congregadas en las fiestas dominicales y asalte
----los candados que guardan a la inhallable mujer de Dios
Esos que se echan a vivir, sin equipaje, en andenes
----desolados, para saber si después del último tren, bajo
----la noche lustrada por las viejas y empecinadas estrellas,
----volverá a pasar la lluvia con sus latidos de añorado
----corazón: los melancólicos, los del hollín en un ojo,
----los boquiabiertos que tejen la paciencia con sus barbas
Esos que bañan sus lenguas en jugos de pólvora y las
----caricias en océanos de lija, y luego salen a cortejar
----a la muerte, a demorarla
En fin, los trapecistas que hacen reir a los pájaros,
----los suicidas que mueren centenarios en la cama
Para ellos los tesoros
----desenterrados por los locos que cavan en el aire,
----mi almohada de cuero de mortero que hace de pesadillas
----polvo, y en especial una palabra que empieza con A.


Eugenio Mandrini (Buenos Aires, 1936)