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lunes, 13 de abril de 2020
Ya está dormida bajo tanto cielo
y sobre tanta tierra enamorada.
Rosa cabal, cumplida llamarada
sin guitarra, sin luz y sin desvelo.
Tan presente en el fuego, tan presente
en el aire, en la tierra, en la distancia
que va de la raíz a la fragancia.
Muerta para nosotros, por ausente.
Tendida en su aparente muerte, espuma
ceniza en lenta carne desgarrada,
muerta para nosotros por callada,
en un silencio de apretada bruma.
Dormida no, pero desparramada,
tan generosa como fue su vida.
Deshecha ya, pero jamás perdida.
Dormida, sí, más nunca desmayada.
Su muerte crecerá, seremos viejos
y todo será sombras en la casa
cuando regrese con sus pies de gasa
del fondo de sus últimos espejos.
Perdida no, que la alta margarita
crecerá de su muerte. No lloremos.
Perdida sí, pero jamás marchita.
Ella vendrá. Nosotros nos iremos.
Raúl González Tuñón (Ciudad de Buenos Aires, 1905 - 1974)
lunes, 21 de julio de 2014
Los sueños de los niños inventando países
“Cuando paso frente de un local donde
exponen pinturas de niños, sigo de largo.”
Batlle Planas
Porque el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.
El niño es el primer surrealista.
Y crece es hombre, y sigue viviendo mas no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
-una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje-.
Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.
Y la muerte es el último país que el niño inventa.
Raúl González Tuñón
exponen pinturas de niños, sigo de largo.”
Batlle Planas
Porque el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.
El niño es el primer surrealista.
Y crece es hombre, y sigue viviendo mas no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
-una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje-.
Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.
Y la muerte es el último país que el niño inventa.
Raúl González Tuñón
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